El niño sentado de la Torre Nueva de Zaragoza

En la Plaza de San Felipe hay una escultura muy particular. No destaca por su monumentalidad, ni por su maestría, ni tampoco por representar a un personaje ilustre. Se trata de un muchacho anónimo, un ciudadano de Zaragoza que está sentado sobre las baldosas de la plaza, sin pódium ni basamento alguno. Sin embargo, hay algo en esa figura que la dota de un carácter intemporal y trascendente: su mirada.

El muchacho contempla la altura vacía. El cielo zaragozano, diría quien no conoce de la historia de nuestra ciudad. Pero no es así: lo que contempla ese joven de bronce es la Historia, nuestro pasado cercenado. Lo que admira es la conocida como “Torre Nueva”, que allí existió durante casi cuatro siglos.

Aquella torre ya no forma parte de la silueta zaragozana, pero nuestro amigo sigue absorto contemplando su gran altura, que alcanzó los 80 metros. No se ve, pero al mirarla, el muchacho crea un vínculo con el pasado e invita al transeúnte a participar de esa dialéctica entre el ayer y el hoy… y el transeúnte alza también la mirada, busca el punto donde se pierden las pupilas de la escultura, y entonces, de repente, cree ver el gran reloj, marcando todavía la hora desde lo alto de la vieja torre inclinada… ¡Se ha producido la maravilla! Al mirar la torre, ¡la torre existe… en nuestra memoria!: esa es la loable función del muchacho: guardar la memoria de la ciudad.

Y es que la Torre Nueva de Zaragoza fue un símbolo de nuestra ciudad, porque no fue una torre vinculada a ninguna Iglesia ni palacio. No, nada de eso: fue una torre civil; la torre del reloj. Fue un monumento del pueblo y para el pueblo, reflejo indiscutible del desarrollo urbano y social.

Niño sentado.

Plaza San Felipe.

Visita guiada en bici.

La Torre Nueva.

 

 

 

 

 

Y por eso nuestro ilustre antepasado y conciudadano, Anselmo Gascón de Gotor, de cuyo fallecimiento se cumplen esta semana 90 años, denominó a la demolición de la torre como “Turricidio”… ¿No sabías que fue ése el irónico final de la torre que salvó a Zaragoza de los ataques napoleónicos? …Pues ya tardas en apuntarte a una de nuestras rutas, en la que visitamos nuestro “rascacielos maño” y, por supuesto, contamos su asombrosa historia.

Porque solo mientras se recuerde su historia; solo mientras se alce la vista hacia su alto chapitel –como cada día hace el muchacho de bronce-, seguirá en pie la Torre Nueva, “siempre vieja y nunca derecha”. Con sus manos, algunos la tiraron; pero con nuestra memoria, nosotros podemos levantarla.

Uncas Mor.

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